Español / Filosofía

Lo imposible

EL KARATE DO Y LA RESPUESTA A "LO IMPOSIBLE" Maestro y alumno paseaban por el bosque... Para un Artista Marcial no existe lo imposible, decía el Maestro. Un Artista Marcial debe...

EL KARATE DO Y LA RESPUESTA A "LO IMPOSIBLE"

Maestro y alumno paseaban por el bosque...

Para un Artista Marcial no existe lo imposible, decía el Maestro. Un Artista Marcial debe sobreponerse a cualquier adversidad.

Pero Maestro – contestó el alumno – Ud. mismo nos ha enseñado que no pensemos que por ser karatecas podemos vencer a todos los demás.

Quien sólo se interesa por el karate, vive pensando en superar a los demás, y compararse con los demás no es otra cosa que ponerse límites uno mismo.

Lo importante es pensar en un horizonte que siempre está un paso más allá.

Pero Maestro – insistió el alumno – el horizonte es imposible de alcanzar, nunca podremos llegar a él si siempre estará un paso más allá.

Esa no es la filosofía correcta. No pensemos que es inalcanzable porque siempre estará un paso más allá. Pensemos que es una suerte que el horizonte nos muestre que siempre existe la posibilidad de dar un paso más allá.

No nos comparemos con nadie más que con nosotros mismos. Lo importante es la autosuperación. En esta superación de nosotros mismos, las posibilidades serán infinitas.

Tomemos el ejemplo del horizonte.... ¡¡¡estemos un paso más allá!!! ....

... Esto es Karate Do y para quien practica Karate Do no existe lo imposible.

Quien practica karate es un karateca, quien practica Karate Do es un Artista Marcial y un Artista Marcial no se da por vencido, ni aún vencido ... siempre tiene un horizonte ...

De pronto se encontraron con tres hermanos – alumnos también del Maestro - que se lamentaban y discutían entre sí.

¿ Qué ocurre preguntó el Maestro ?

Maestro – respondió el mayor de los hermanos – por no seguir sus enseñanzas, nuestro padre nos ha castigado.

Esta noche hay una reunión en el pueblo, a la cual nosotros queremos asistir, pero para ello necesitamos dinero y no lo tenemos.

Como entre los tres necesitamos noventa monedas, nuestro padre nos autorizó a tomar las últimas noventa lechugas que nos quedaban de nuestra cosecha y que - como por ser las últimas están bastante marchitas - las vendiéramos tan sólo a una moneda cada una. De esta forma, al ser tan baratas, fácilmente juntaríamos las noventa monedas.

Pero a mí me pareció que - por ser el mayor – me correspondían más monedas y me quedé con cincuenta lechugas. Siguiendo el mismo razonamiento, mi hermano Juichi – quien me sigue en edad – se quedó con treinta y a nuestro hermano menor –Tomeiji – le quedaron las diez restantes.

Nuestro padre se enojó mucho, pues dijo que el significado de regalarnos las lechugas fue enseñarnos el desprendimiento que debe existir entre familiares. Nuestro padre nos quiso enseñar que fuéramos solidarios; que con el esfuerzo de los tres por igual consiguiéramos nuestros objetivos y que cuando los hubiéramos alcanzado los repartiéramos por igual.

Por eso nos castigó y nos dijo que sólo nos dará el dinero si logramos lo siguiente:

Cada uno de nosotros debe vender todas las lechugas al mismo precio, sin intercambiarnos lechugas - ni dinero - entre nosotros y deberemos volver a nuestra casa cada uno con la misma cantidad de dinero.

Como verá nuestro padre ahora ya no nos quiere dar el dinero, ya que nos ha castigado pidiéndonos un imposible. Cualquiera sea el precio que acordemos, siempre va a recaudar más el que tenga más lechugas.

En primer lugar – dijo el Maestro a Yasunori, el mayor de los hermanos – ustedes deberán aprender que los castigos de los padres nunca son por el mero hecho de castigar. Todo castigo de nuestros padres siempre encierra una enseñanza.

Lo que ustedes deberán hacer es lo siguiente:

Separarán las más marchitas y con ellas harán atados de siete lechugas cada uno, dejándome a mí las que sobren, que serán las que están en mejor estado.

Luego saldrán a vender cada atado por una moneda y de esta forma seguramente que las venderán muy rápidamente, pues el precio es muy barato.

Cuando las hayan vendido todas vuelvan aquí.

Realmente las lechugas eran muy baratas y - como el Maestro había previsto - las venddieron todas muy rápidamente, por lo que al poco tiempo estaban de regreso.

Yasunori – quien tenía cincuenta lechugas – había vendido cuarenta y nueve en siete atados de siete lechugas cada uno - a una moneda cada atado - recaudando entonces siete monedas y le había sobrado una lechuga.

Juichi – quien tenía treinta lechugas – había vendido veinte y ocho en cuatro atados, de siete lechugas cada atado - a una moneda cada uno - recaudando así cuatro monedas y le habían sobrado dos lechugas.

Tomeiji – el hermano menor al que le habían quedado sólo diez lechugas – había vendido sólo un atado, de siete lechugas, recaudando entonces tan sólo una moneda, pero le habían sobrado tres lechugas.

Ahora – dijo el Maestro – ustedes deberán vender las lechugas sobrantes que aquí me dejaron a tres monedas cada una. Son las que están en mejor estado por lo que no les resultará demasiado difícil.

Tú Yasunori – continuó el Maestro – que por la venta de siete atados, a una moneda cada atado, vendiste cuarenta y nueve lechugas y recaudaste hasta ahora siete monedas, cuando vendas la única lechuga que te sobró en tres monedas, completarás una recaudación final de diez monedas.

En tu caso Juichi, que por la venta de cuatro atados, a una moneda cada uno, vendiste veinte y ocho lechugas y recaudaste hasta ahora cuatro monedas, al vender las dos lechugas que a tí te sobraron - a tres monedas cada una de ellas – tendrás ahora seis monedas más, completando así también tus diez monedas.

Por último tú – Tomeiji – que vendiste un atado de siete lechugas en una moneda, cuando vendas las tres lechugas que te sobraron – también a tres monedas cada una – tendrás entonces nueve monedas más y también completarás tus diez monedas.

Muchas gracias Maestro, respondió Yasunori, pero que haremos con tan sólo treinta monedas ?

Ustedes han reconocido que han desoído mis enseñanzas y también la decisión de su padre y de esta experiencia, respondió el Maestro, ustedes tienen que aprender al menos tres cosas:

Primero que las decisiones; los consejos y las enseñanzas de los padres y de los Maestros jamás se discuten.

Segundo que los Maestros - y sobre todo los padres - jamás nos pedirían un imposible.

Tercero - ahora que han aprendido que hasta lo que parece imposible tiene solución - ustedes deberán hacer posible que treinta monedas sean suficientes para lo que- al parecer - se necesitan noventa.

Perdón Maestro, dijo Yasunori avergonzado, pero la idea se me ocurrió tomando como ejemplo una herencia que nos dejó nuestro abuelo.

Nuestro abuelo paterno fue criador de caballos y al morir nos dejó treinta y cinco para que fueran repartidos de la siguiente manera:

A mí - por ser el mayor - me corresponde la mitad; a mi hermano Juichi - que como Ud. sabe es el que me sigue en edad - le corresponde la tercera parte y a Tomeiji - por ser el menor - le corresponde la novena parte.

Los abuelos son doblemente padres y recuerden que las decisiones; consejos y enseñanzas de los padres no se discuten. Por alguna razón importante su abuelo tomó esta decisión, contestó el Maestro.

Seguramente que así es Maestro - habló por primera vez Juichi - pero como hacer para repartirlos de esa forma ?

La mitad de treinta y cinco son diez y siete caballos y medio, y no podemos cortar un caballo por la mitad para darle su parte a Yasunori.

Y lo mismo ocurre conmigo - continuó Juichi - ya que la tercera parte de treinta y cinco son once caballos y un poco más de medio caballo.

Qué podemos hacer - se animó Tomeiji - como me darían a mi la novena parte de treinta y cinco caballos, si esto corresponde a tres caballos y fracción.

Están muy lejos los caballos, preguntó el Maestro ?

No - respondió Yasunori - están refrescándose en el río muy cerca de aquí.

Vayamos a donde están ellos, dijo el Maestro y resolveremos este dilema.

Hagamos todos de cuenta que Yoshihide - que salió a pasear conmigo por el bosque y que no discute las decisiones de los Maestros - es mi caballo.

Yoshihide - le dijo el Maestro al alumno que lo acompañaba - me permites que de mi caballo, es decir que te de a ti, como regalo para estos tres hermanos

Por supuesto Maestro, respondió el alumno.

Y dirigiéndose nuevamente a los tres hermanos, el Maestro dijo:

Ahora en lugar de treinta y cinco, tendrán treinta y seis caballos.

A ti - Yasunori - te corresponderán diez y ocho caballos , que es la mitad de treinta y seis. Como ves saliste ganando, ya que antes te correspondían diez y siete y medio.

En tu caso - Juichi - te correspondían once caballos y algo más. Pero como la tercera parte de treinta y seis es doce, esta es la cantidad de caballos que ahora tendrás, por lo tanto también has salido ganando con esta solución.

Y contigo - Tomeiji - ocurre lo mismo. A ti te correspondían tres caballos y fracción y ahora te corresponderán cuatro, que es la novena parte de treinta y seis.

Ya llegando al río donde se bañaban y bebían los caballos, el Maestro preguntó:

Están conformes con esta solución ?

¡¡¡Sí!!!, al unísono respondieron los tres hermanos.

Entonces - dijo el Maestro - tú Yasunori llévate tus diez y ocho caballos; tú Juichi llévate los doce que te ---------------- corresponden a tí y tú Tomeiji llévate los cuatro que acordamos.

Cuando cada uno de los hermanos tomó sus caballos, con sorpresa vieron que diez y ocho; más doce; más cuatro, sumaban treinta y cuatro, y que - por lo tanto - sobraban un caballo y Yoshihide.

La respuesta a esta curiosidad - dijo el Maestro - es que el reparto de la herencia no estaba bien planteado. Un medio (1/2); más un tercio (1/3); más un noveno (1/9), da como resultado diecisiete - dieciochoavos (17/18), o sea que no suman la unidad (18/18).

Pero lo importante es que todos salimos ganando.

Devuélvanme a Yoshihike y regalémosle el caballo que sobra, ya que gracias a su colaboración - y a la confianza y obediencia para con suu Maestro - encontramos la solución.

Además de esta forma Yoshihide y yo no tendremos necesidad de volver caminando.

Como todos estuvieron de acuerdo, el Maestro y Yoshihide emprendieron el regreso.

Maestro - dijo Yoshihide - nosotros somos dos y tenemos un solo caballo. No lo forzaremos demasiado ?

Tienes razón - contesto el Maestro - volvamos caminando los tres.

FERNANDO PRIETO
6to. DAN KEN SHIN TETTSU GAKKU = KENSHIN RYU = TOKU IN KAN
6to. DAN GOJU RYU = JKF GOJU KAI