HISTORIA DEL MAESTRO JUAN CARLOS RÍUS VIGLIANCHINO
(SENSEI PA CHI)
En la década de los 50s, el Karate era prácticamente desconocido en Uruguay. Como Artes Marciales solamente se practicaban Savate (sistema de combate francés), Ju Jitsu, y algún estilo chino no específicamente conocido. Pero lo que más se había desarrollado era el Judo (forma deportiva del Ju Jitsu).
En algunos lugares, algunas personas decían enseñar algo que era llamado "defensa personal", que era una especie de "cocktail" de las previamente mencionadas disciplinas.
Al final de los años 50s, aquellos que en aquel entonces practicábamos Judo, tuvimos la oportunidad de asistir a una excelente exhibición de un Artista Marcial venido de las Islas Filipinas. Pero fuimos solamente dos, el Mayor Aquiles Faggiani y yo, quienes, atraídos y gratamente impresionados por esta nueva disciplina, decidimos salir a la búsqueda de alguna persona que nos instruyera.
Así, en el año 1960 encontré en San Pablo (Brasil) al Maestro Seiichi "Shikan" Akamine y se lo informé al Mayor Faggiani, quien, aprovechando sus contactos con el alto mando de la Marina uruguaya, logró que esta institución le enviara una invitación oficial para que hiciera algunas exhibiciones en Uruguay.
En esta primera oportunidad, el Maestro Akamine estuvo solamente siete días en nuestro país, donde realizó algunas exhibiciones en distintas instalaciones militares (una de ellas en nuestro Dojo sito en un local llamado Círculo de Armas), pero no dejando ninguna Escuela, ni Organización, de Karate establecidas.
Durante algún tiempo, el único contacto que tuve con el Maestro Akamine fue a través del Mayor Faggiani, porque el tema continuaba manejándose oficialmente a través de la Marina de nuestro país, y era él quien viajaba a Brasil. Pero extrañamente el interés del Mayor Aquiles Faggiani en el Karate del Maestro Akamine se diluyó y, habiéndose vinculado a un Maestro de Shotokan (también radicado en Brasil), decidió abrir una organización donde se comenzó a entrenar este estilo.
Extrañado por las explicaciones del Mayor Faggiani, decidí volver al Dojo del Maestro Akamine, sito en la Asociación Brasilera de Karate, que en aquel momento estaba radicado en uno de los sótanos de un local establecido en la Rua Tabachinhuera (San Pablo). De esta forma supe que el motivo del repentino desinterés había sido que el Maestro enseñaba un Karate esencialmente tradicional, y no estaba de acuerdo con el karate deportivo, y que Aquiles Faggiani nunca había participado activamente en ningún entrenamiento dirigido por el Maestro Akamine, aunque sí con alguno de sus asistentes.
Así comencé a viajar asiduamente a Brasil y me convertí en el primer alumno uruguayo, personal y directamente entrenado por el Maestro Akamine. Entrenaba todos los días, menos los domingos, en prácticas muy intensas de dos turnos (4hrs. de mañana y 3 hrs. de tarde/noche), a las cuales en Uruguay no estábamos acostumbrados.
Aunque continué dando clases en el Círculo de Armas (obviamente en otros días y horarios a los utilizados por el Mayor Faggiani), decidí abrir otro Dojo de forma de poder volver a invitar al Maestro Akamine evitando encuentros desagradables y, en 1962, viajé a San Pablo especialmente para invitarlo.
Luego de una reunión muy importante en la que participaron algunos de sus alumnos de mayor confianza (Nobukasu, Saito, Moggi y algún otro), y en la que se consolidó de hecho (aunque no oficialmente de derecho) la Kenshin Kan, volví a Uruguay.
Menos de un mes después vino el Maestro, siendo ésta la segunda vez que visitó nuestro país, pero la primera directamente invitado por mí (no por la Marina uruguaya). En esta oportunidad su estadía se extendió por diecisiete días de intensos entrenamientos y, antes de regresar a San Pablo, me dejó oficialmente designado como su único representante en Uruguay, con el grado de 1er. Dan.
Sin embargo, como aquel nuevo Dojo estaba en un club deportivo, en el cual se practicaban otras actividades, el Maestro pidió que nos trasladáramos a otro lugar que no tuviera que ser compartido con ninguna otra actividad.
Por este motivo, lo que más adelante se convertiría en la Sucursal uruguaya de la Organización Kenshin Kan Karate-Do no fue todavía oficialmente fundada, aunque de hecho comenzó ya a ser llamada con el nombre Kenshin Kan (dos palabras).
Desde este momento mis viajes a Brasil se hicieron más frecuentes aún, en estadías que en casi todos los casos se extendieron por no menos de un mes, siendo la mayoría de las veces gentilmente alojado en el propio hogar del Maestro Akamine. Como siempre los entrenamientos seguían siendo en dos turnos todos los días, pero se hicieron más rigurosos (en algunos casos de tres turnos diarios), siendo éste el período en el que el Maestro Akamine me otorgó el 2do. y 3er. Dan.
Entre 1964 y 1965 surgieron serias discrepancias, que hicieron que finalmente el Maestro Akamine dejara de dar clases en la Asociación Brasilera de Karate, razón por la cual en uno de mis viajes no encontré al Maestro Akamine, sino a otro profesor japonés (Ryuzo Watanabe).
Afortunadamente, a través de varios amigos (que también habían sido sus alumnos), logré encontrarlo y fue oficialmente fundada la Organización Kenshin Kan Karate-Do, en un local sito en la Rua Barao de Ladario (San Pablo, Brasil).
Así muchos de los alumnos que había tenido en la Asociación Brasilera de Karate, algunos de los cuales habían abierto sus propios Dojos, volvieron a entrenar con él.
Pero el Maestro había quedado muy desmoralizado y el peso de la evolución de la nueva organización en Brasil recayó sobre uno de sus alumnos de mayor grado y confianza (Tadao Saito). El Maestro visitaba habitualmente los Dojos, pero era muy poco lo que enseñaba. Preocupados por esta situación, Nobukasu (otro de los alumnos de su mayor confianza) e Icuyo (una de las hijas del Maestro) me pidieron que lo invitara nuevamente a viajar a Uruguay.
En 1966, luego de abrir el nuevo Dojo que él me había pedido (Dojo Rambla's), lo invité nuevamente y el Maestro permaneció en nuestro país por algo más de un mes.
En esta oportunidad fue cuando el Maestro Akamine dejó oficialmente establecida la Sucursal uruguaya de la Kenshin Kan Karate-Do, confirmándome como Jefe de dicha Sucursal (a través de documentos certificados por el Consulado y la Embajada de Japón en Uruguay) y ascendiéndome a 4to. Dan.
Como yo todavía continuaba dando clases en el Círculo de Armas, las autoridades del mismo, al enterarse de su visita, lo invitaron nuevamente a dar una exhibición. Como la invitación volvió a ser oficialmente cursada por la Marina uruguaya, el Maestro no pudo negarse y volvió a encontrarse cara a cara con el Mayor Faggiani. Aunque el encuentro transcurrió normalmente, y el Mayor Faggiani fue muy cortés y correcto, para evitar que este tipo de encuentros se volviera a dar, algún tiempo después decidí dejar de dar clases en el Círculo de Armas.
Luego de esta tercera y última visita a Uruguay, el Maestro viajó a Chile, donde dejó establecida una nueva Sucursal que denominó Ken Shin Kan (tres palabras)... Pero esta es otra historia, que otras personas deberán narrar ...
Yo continué permanentemente viajando a San Pablo, obteniendo mi 5to. Dan, pero, por razones de trabajo, en la segunda mitad de los años 70 mis viajes se hicieron más espaciados, aunque buscando fechas que me permitieran quedarme no menos de quince o veinte días en cada uno de ellos.
Luego el Maestro tuvo su primera hemiplejía, y luego otras, y comenzaron fuertes luchas por el poder.
Sobre finales de la década del 70, en Uruguay el Karate había evolucionado fuertemente hacia el área deportiva. A pesar de que, al igual que mi Maestro, yo no estaba de acuerdo con el karate deportivo, el innegable auge de esta disciplina, y la insistencia de un alumno (en aquel momento 1er. Kyu), me llevaron a cometer un gravísimo error. Desoyendo el consejo de alumnos de mayor antigüedad y confianza, decidí viajar a San Pablo para plantearle la situación al Maestro.
Ya anteriormente había enviado a aquel alumno a San Pablo con una carta explicativa, para que él mismo se ganara su propio lugar. Pero lamentablemente no supe entender el velado mensaje del Maestro.
El Maestro Akamine ni siquiera había recibido a aquel alumno en su Dojo, y lo había enviado con Oshiro, quien, luego de someterlo a examen, no le había otorgado el 1er. Dan.
Entonces, ante la gran insistencia de aquel alumno, fue que viajé a San Pablo.
De alguna manera el Maestro me entendió, ya que también en Brasil el karate deportivo se estaba imponiendo.
Así, el Maestro Akamine creó la Toku In Kan y me indicó que aquellos que quisieran competir lo hicieran bajo esta nueva Escuela, pero nunca bajo la Kenshin Kan, y le indicó a Oshiro que firmara el diploma de 1er. Dan para aquel alumno mío.
¿ Y quien los va a entrenar, le pregunté al Maestro ?
Envíelos uno o dos años a Chile, allí hay dos alumnos que hace años que se dedicaron al karate deportivo, me contestó al Maestro.
Y nunca olvidaré algo que me dijo = "Hay muchas Escuelas creadas por mí y no todas están siendo bien cuidadas. La Toku In Kan es suya, cuídela bien".
Envié entonces a aquel alumno a Chile, con una carta para los representantes de la Ken Shin Kan en aquel país, explicándoles que el Maestro me había indicado enviarlo allí para que lo instruyeran en el área deportiva, por un período no mayor a dos años.
Pero, debido a situaciones laborales y familiares impostergables, mis viajes a
Argentina se hicieron más frecuentes y más largos, y los supuestos dos años se
transformaron en tres y cuatro y ...
... un día, a la vuelta de uno de mis viajes, me encontré con que aquel alumno se había asociado con uno de los representantes de la Ken Shin Kan chilena y, a través de maniobras legales y leguleyas, me habían robado la Kenshin Kan de Uruguay.
La marca Ken Shin Kan había sido registrada aquí en Uruguay por uno de los representantes chilenos, quien además había presentado en la Confederación Uruguaya de Karate un documento, firmado por él, que decía que, ante mi ausencia, aquel que había sido mi alumno había sido designado como nuevo representante de la Kenshin Kan de Uruguay.
Algunos otros de mis alumnos que también habían viajado a Chile, me dijeron que
al mencionarle este documento al otro representante chileno de la Ken Shin Kan, él dijo no ser participante de dicha situación, manifestando además que si el Maestro se enteraba de lo que estaba ocurriendo, su colega (y hermano), y aquel ex-alumno mío, iban a tener un serio problema, y que esto lo dejaba algo preocupado porque algunas otras personas también iban a ser salpicadas.
Y así ocurrió realmente, ya que algún tiempo después el Maestro Akamine ordenó el cierre definitivo de la Kenshin Kan de Uruguay y de la Ken Shin Kan de Chile.
Pero lamentablemente ni mi ex-alumno en Uruguay, ni ninguno de los dos representantes chilenos, acataron esta resolución.
Desde ese entonces mis alumnos y yo continuamos desarrollándonos a través de la Toku In Kan, a la cual consideramos un Templo donde se preservan los verdaderos conocimientos, enseñanzas y filosofía Kenshin del Maestro Seiichi Shikan Akamine.

Sensei Seiichi Akamine y Sensei Pa Chi

Sensei Pa Chi
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